1/20/2016

Barbican Hamlet

Cualquier excusa es buena para ir al teatro. O en este caso, la retransmisión de una de las mejores obras, con un grupo de los mejores actores: el montaje de Hamlet del Teatro Barbican de Londres. La excusa era muy muy simple: vamos a ver a Benedict Cumberbatch en mi obra favorita. O como le dije a una amiga, "Amo Shakespeare, amo Hamlet, amo a Ben."

El caso es que para allá fuimos, otra amiga y yo. Lunes en el Lunario del Auditorio Nacional. Felices y emocionadas porque somos ñoñas de todo lo que remotamente se relacione con Inglaterra, con los clásicos, con Shakespeare y sí, con Ben.

Sobra decir que no fuimos decepcionadas. La puesta en escena es simplemente maravillosa. La producción y la dirección no tienen igual. Pero incluso si en eso hubiera alguna falla, incluso si estuvieran en un escenario vacío, incluso a través de la pantalla, los actores son todo. Llenos de energía, compenetrados completamente con los personajes, logran la meta de cualquier puesta en escena: hacernos sentir.

Porque de eso se trata el teatro, de tocar las fibras más sensibles dentro de cada ser humano. Hacernos reir, llorar, reflexionar. Por eso Shakespeare debe verse en un escenario, no en una pantalla y no en un libro. Leer las obras nos familiariza con ellas, pero los actores son los que realmente las hacen brillar. Gracias a ellos entendemos las pausas, los giros, las intenciones de los personajes. Las escenas cómicas (en este caso, la del sepulturero) realmente liberan tensión y te preparan para el siguiente golpe emocional.

Cuando lo ves en teatro, te das cuenta de que Shakespeare es un clásico por una razón. No es aburrido, como parece cuando lo estudiamos en la escuela. ¡Todo lo contrario! Sus obras están llenas de chistes y bromas, pero sobre todo, son eternas porque los temas subyacentes son comunes a la humanidad.

En el caso de Hamlet predomina la idea de venganza, pero detrás de ella hay una fuerza aún más poderosa: el amor. Hamlet ama a su padre al grado de no poder sobreponerse a su muerte; ama su madre al grado de perdonarle la traición de haberse casado con el asesino de su esposo; ama a Ofelia al grado de querer alejarla del dolor y el sufrimiento (de acuerdo, su método para alejarla de él al saber que podía hacerle daño resultó contraproducente, pero si tenían dudas, es el amor por Ofelia lo que lo lleva a descubrirse ante la corte tras su regreso del exilio y enfrentarse a Laertes).

Tres reflexiones más me dejó esta producción de Hamlet. La primera, evidente para cualquier con el más mínimo interés en el lenguaje y su evolución, es la cantidad de palabras y frases que usamos cotidianamente sin saber de dónde vienen. Cosas como "there is method in madness", el clásico "to thine own self be true", "the mind's eye", "something is rotten in...", "there are more things in heaven and earth than are dreamt of in your philosophy", "woe is me", "the rest is silence" y tantas otras.

La segunda es la escena donde Hamlet decide usar a la compañía de teatro para observar a su tío y saber la verdad sobre la muerte de su padre. Ese soliloquio es una reflexión sobre el papel del actor. Muy, muy meta y muy hermoso.

Is it not monstrous that this player here,
But in a fiction, in a dream of passion,
Could force his soul so to his own conceit
That from her working all his visage wann'd,
Tears in his eyes, distraction in's aspect,
A broken voice, and his whole function suiting
With forms to his conceit? and all for nothing!
For Hecuba!
What's Hecuba to him, or he to Hecuba,
That he should weep for her? What would he do,
Had he the motive and the cue for passion
That I have? He would drown the stage with tears
And cleave the general ear with horrid speech,
Make mad the guilty and appal the free,
Confound the ignorant, and amaze indeed
The very faculties of eyes and ears.
La tercera es que me di cuenta de dónde viene la imagen que todos tenemos en la cabeza de Hamlet con una calavera. No, no es del famoso "To be or not to be", sino de la escena del sepulturero. Este personaje está sacando huesos para despejar la tumba de Ofelia y le dice que la calavera solía ser Yorick, el bufón del rey. Hamlet la toma, dice algunas líneas y la deja por ahí. En alguna interpretación posterior a la original pasó al imaginario colectivo cambiada de lugar. Y de ahí saltó a la calavera de Sherlock en la serie de Benedict Cumberbatch (amo la intertextualidad).

Sólo tengo una cosa más que decirles: Vayan al teatro. Vean obras retransmitidas, vean obras clásicas, vean obras en vivo, vean obras originales, nuevas, contemporáneas, antiguas, adaptadas, modernizadas. Vean lo que quieran pero vayan al teatro.



Subscribe to Our Blog Updates!




Share this article!
Return to top of page
Powered By Blogger | Design by Genesis Awesome | Blogger Template by Lord HTML