12/01/2015

Un día cualquiera

La segunda taza de té del día. En realidad es un re-fill de la anterior. Sin leche, con poca azúcar. Agua caliente del garrafón. Con cada sorbo siento que mis dientes se debilitan, pero necesito la cafeína y el reconfortante líquido. (He leído en alguna parte que tomar café, casi tanto como salir a fumar, está asociado a una rutina más que a una necesidad).

El soundtrack es el mismo de siempre: murmullo de voces (a veces no es un murmullo), la impresora sacando hojas y más hojas, los teléfonos no paran de sonar. Alguien escucha música y yo intento descifrar la canción (hoy es Amélie, ayer fue El Fantasma de la Ópera, a veces es Carmen). El  soundtrack es el mismo de siempre y, como siempre, me vuelve loca.

Quisiera poder cerrar la puerta y aislar el ruido. Ya llegará el día, me consuelo. (Espero que no tarde mucho).

Correos, oficios, perfiles, tarjetas, notas, acuerdos, reuniones.

El tiempo me juega malas pasadas. Cada minuto es eterno y, sin embargo, las semanas se suceden unas a otras con prisa vertiginosa. (No estoy descubriendo el hilo negro, lo sé. He discutido el tema muchas veces en los últimos días. Todos estamos de acuerdo).

Busco información que, extrañamente, no existe en Internet. (¿Cómo es eso posible in this day and age?) Necesito reportes, datos, fechas, cifras, nombres, para completar, confirmar, actualizar.

Guardar. Enviar. (Otra vez me equivoqué de destinatario. No es grave: si le llega al jefe del jefe, al menos sabrá qué estoy haciendo).

A mi alrededor se suman nuevos sonidos: crayolas sobre papel, tijeras, cinta adhesiva. Alguien pide hilo. Crujen bolsas de plástico. Aquí, como en todos lados, las fiestas decembrinas no pueden pasar desapercibidas y es momento de decorar. (Respiro hondo, tratando de no ser La Grinch. "A mí," pido, "pónganme una piñata o una nochebuena").

Salir es cambiar de ritmos, entrar en otro track: autos, organillos, sirenas, campanillas de bicicleta, altavoces, perros, gatos, niños, vendedores ("A las guapas no les cobramos"). La música varía con cada establecimiento y es difícil seguirle el paso.

Por fin, tres puertas y cuatro chapas después, silencio.




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