9/02/2015

La pecera

Joan Miró, Personajes en la noche guiados por los rostros fosforescentes de los caracoles. 1940.


Le llamo mi pecera porque todo es azul. Incluso, a veces, el cielo que se ve a través de los enormes ventanales. En realidad es una gran pecera, dividida en pequeñas peceritas, cuyo tamaño depende del cargo de su ocupante; algunas incluso tienen puertas de cristal. Todo se ve, todo se escucha, todo se sabe. Todo es azul.

Para que los peces, grandes y chicos, lleguen de una pecera a otra, deben recorrer un pequeño laberinto. El estambre que nos guía es la decoración con la que cada quien hace suyo el espacio: una planta aquí, un juguetito allá, un mapa al dar la vuelta. El azul se salpica de rojos, verdes y amarillos, que al final acaban confundiéndose en una sola paleta.


Como en todo ecosistema, los peces grandes se comen a los chicos: los hacen dar vueltas sin cesar, los mutan, los convierten en marionetas. Los que sobreviven crecen, repiten patrones. El objetivo es acercarse lo más posible a la superficie, ahí donde termina el azul, donde hay, quizá, un poco de paz.




Subscribe to Our Blog Updates!




Share this article!
Return to top of page
Powered By Blogger | Design by Genesis Awesome | Blogger Template by Lord HTML