9/15/2014

Ruta de los Conventos: Atlatlahucan

Atlatlahucan convent Morelos Mexico

Atlatlahucan, un poco más al centro-norte del estado que Ocuituco, es un pueblo que busca ser Pueblo Mágico, así que todas sus calles están limpias, los edificios pintados de amarillo y rojo, todos iguales, con poco cableado aéreo y anuncios discordantes.

Atlatlahucan Morelos Mexico


Sumido en las montañas, está menos remoto que Ocuituco o Tetela, pero sí lo suficientemente alejado de la ciudad como para pensar en conseguirse una casita de fin de semana y olvidarse de todo por un par de días.

Su convento data de 1570, aunque los frailes agustinos llegaron al pueblo desde 1533. Es uno de los más grandes e imponentes de toda la ruta, con un atrio inmenso que funge como jardín público.



Convent Atlatlahucan Morelos Mexico



La estructura de este convento se asemeja a una fortaleza, y uno puede ver tanto las influencias guerreras de la vieja España como la preocupación de los conquistadores de protegerse contra los ataques de los recién sometidos indígenas locales.


Convent Atlatlahucan Morelos Mexico


Grande y austero por fuera, por dentro la nave ha sido repintada de azul. Le colgaron telas de colores desde el techo y retablos en las paredes. El día que fuimos estaba lleno de flores y velas, y no sé a ustedes, pero esa mezcla e olores, más el incienso, llega hasta a marear. Por suerte, el patio interior estaba vacío y como deben verse estos lugares: con sus frescos tradicionales, su fuente al centro, en silencio. Eso sí, no dejan tomar fotos adentro, así que se las debo; es el único convento con esta restricción.


Convent Atlatlahucan Morelos Mexico


La otra restricción que me llamó la atención, y que tampoco comparte con ningún otro espacio que visitamos, fue que las mujeres no deben entrar con la cabeza descubierta ni con pantalones. Sí, en pleno siglo XXI. Y curiosamente, los hombres entran por la izquierda y las mujeres por la derecha, aunque eso es únicamente para franquear la puerta, pues del otro lado el espacio es el mismo.





Atlatlahucan, closer to the central part of the state, is a small town that want sto be made a "Pueblo Mágico", a category for traditional villages to promote tourism. All its streets are clean, its buildings painted yellow and red, with few cables and no ads.

It's lost in the mountains but less remote than some of the other towns we visited. It's still far enough from the city to think about getting there for the weekend, away from everything else.

The convent itself was built on 1570, although Franciscan friars arrived in the area in 1533. The building is one of the largest in the Trail, with a huge atrium that doubles up as a public garden.

It looks like a fortress, which both shows the warrior influences from the old Spain and the very local concern of protecting themselves against possible attacks by the local Indigenous group.

Outside it's big but plain; inside, the convent has been recently painted blue. There are huge draperies hanging from the ceiling and religious paintings on the walls. When we visited, the church was full of flower and candles, and the smells mixed with the incense, making it very hard to breathe, at least for me. Luckily, the inner courtyard was empty and quiet, just the way it should be. It still has some frescoes on the walls and ceilings, and a small well in the middle of the garden. 

One thing that drew my attention, which I didn't see in any other convent, was a sign stating that women cannot go inside with their heads uncovered or if they're wearing trousers. I double-checked and yes, we were still in the 21st century. Oh well. Curiously, men walk in through the door on the left, and women use the one on the right, even though both lead to the same exact space. 



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