10/03/2013

A 16th Century Franciscan Ex-Convent in Jiutepec

Una de las cosas que me encantan de México es la cantidad de historia que puedes encontrar en prácticamente todas partes. Aunque seamos un país relativamente nuevo, tenemos edificios, pinturas rupestres, esculturas que datan de varios cientos de años. Y eso sin hablar de las formaciones naturales.

A media hora hacia el sur de Cuernavaca hay un pueblo llamado Jiutepec. Fui el martes con mi mamá y caminé por el zócalo, que fue remozado hace poco. Sin embargo, lo que más me gustó fue la iglesia, un ex-convento franciscano del siglo XVI que sigue en uso.

Me acerqué disfrutando la brisa y la sombra (un buen cambio pues en esta parte del estado hace mucho calor), y notando los brillantes colores de la fachada. En vez de entrar directamente en la nave principal, pasé primero al claustro, con su pequeña fuente en el centro. Supongo que los cuartos solían ser las celdas de los monjes, pero ahora son salones de diversos usos. En uno de ellos había una plática para parejas y la risa de los participantes inundaba el patio.

Los muros del convento, como los de casi todos los edificios religiosos de la conquista, estaban cubiertos de frescos. La mayoría se han perdido, pero algunas partes se mantienen en buen estado. Fuera de eso, las decoraciones del claustro son simples: algunas estatuas, jarrones, macetas.

La iglesia en sí es bastante sencilla. Los muros están casi desnudos, no olía a incienso. El espacio era fresco y oscuro, aunque las puertas se abrían dejando pasar la luz del día tropical, al cual emergí después de mi breve visita.





One of the things I love about Mexico is the amount of history you can find pretty much anywhere. We might be a relatively new country (200 years old), but there is plenty that goes back several hundreds of years: pyramids, cave paintings, rock sculptures, not to talk about nature! 

About half an hour south of my hometown of Cuernavaca is small-ish town called Jiutepec. I went there on Tuesday with my mom and walked around the main square, which has been recently cleaned and beautified. What I loved the most, however, was the old church across the street. Built in the early 16th century as a Franciscan convent, it is still in use. 

I wandered in enjoying the cool shade (it was a welcome change, for it was a very hot day and this part of Mexico is almost a rainforest) and noticing the bright colors of the facade. Instead of walking directly into the main nave, I went into the cloister, with its tiny fountain in the middle. I guess the rooms were the monks' cells back in the day, but today they are used as meeting rooms and classrooms. There was a couples' talk in one of them and the laughter of the participants drifted out.

The walls of the convent, like almost all religious buildings from the time of the Spanish conquest, were covered in frescoes. They are mostly gone, but what bits survive are well-kept by the church. Other than that, decorations are simple: a few statues of saints and the Virgin of Guadalupe, a vase, flowerpots.

The church itself is simple. There are no overwhelming decorations or paintings, no all-pervasive smell of incense. It was cool and shady, although its doors opened into the bright glare of a tropical day, into which I stepped once my short visit was over.












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