9/24/2013

Buscando la fe

[English version here]



He hablado en este blog sobre el yoga y la meditación, y cómo me han ayudado a crecer. Pero nunca he escrito sobre el budismo y el impacto que ha tenido en mi vida. Hablar de religión es complicado; aclaro de una vez que no busco ofender a nadie sino hablar de mi propia búsqueda y cómo y porqué me siento más cercana al budismo que a cualquier otra religión, al menos en este momento de mi vida.

Crecí en una familia católica no practicante. Siempre hubo biblias en la casa, tanto versiones “normales” como versiones ilustradas para niños, las cuales mi hermana y yo leíamos cuando nos daba la gana. La verdad es que nadie nos presionaba para leer estos libros, ni para creer, ni para ir a la iglesia. Incluso nos llegamos a saltar la parte de la misa cuando había bodas o bautizos. Aún así, cuando creces en un país católico acabas aprendiendo algunas de las creencias y ritos.

Cuando entré a la secundaria, mi mamá me inscribió en un colegio católico, simplemente porque era el mejor de Cuernavaca. Sí, nos hacían ir a misa una o dos veces al año y tuvimos clase de religión dos horas por semana durante los 6 años del bachillerato, pero la verdad es que más bien aprendimos sobre valores, sexualidad, historia de la religión y religiones del mundo. Sólo en 2° de secundaria tuvimos un profesor que quiso que aprendiéramos los libros de la biblia, los versículos y demás, pero no duró mucho.

A pesar de todos esos antecedentes, no me considero católica. Gracias a mi educación conozco la religión bastante bien, incluso mejor que algunos de mis amigos que van a misa los domingos, pero esa misma educación me enseñó a ser crítica. No digo que creo que la religión es el opio del pueblo ni nada parecido. Y me consta que hay gente que realmente vive su vida de acuerdo a las doctrinas cristianas (el catolicismo es una rama del cristianismo). Estas personas me han enseñado que la actuación de las autoridades religiosas no siempre refleja la actitud cotidiana de quienes realmente tienen fe.

Pero también he visto mucha hipocresía. Conozco personas que se consideran buenXs católicXs sólo porque van a misa, pero en realidad no viven los valores de Jesús. Se la pasan juzgando, son impacientes, se sienten superiores y discriminan contra quienes son diferentes. También está el hecho de que la iglesia católica (como institución) no es tan humilde como Cristo enseñó. Vayan al Vaticano, si no me creen. Y mejor ni hablar sobre todos los tabús en cuanto a la sexualidad, el conocimiento, las mujeres....

Me volví cínica del cristianismo en general. Aunque debo admitir que no conozco otras denominaciones cristianas de la manera en que conozco el catolicismo. Estoy dispuesta a aprender si alguien quiere compartir sus creencias conmigo.

En parte porque nunca fui forzada a creer en algo y en parte por mi clase de religiones del mundo, me dio curiosidad aprender sobre otras creencias. La primera a la que me acerqué, aunque sin considerarlo una búsqueda de fe, fue el Islam. Y sí, tuvo todo que ver con su representación en los medios después del 11 de septiembre de 2001. Así que me conseguí una copia del Corán y lo empecé a leer. Fue una lectura sorprendente.

Mi acercamiento al Islam fue más bien académico. Mientras leía el Corán, tenía presente el conteto histórico en que surgió esta religión y me di cuenta que en realidad era bastante avanzada para su época, tal como el cristianismo era avanzado en la suya. También me resultó interesante que los musulmanes consideran que sus raíces llegan hasta Isaac, de manera que las tres grandes religiones monoteístas tienen el mismo origen. (Si algún(a) musulmán(a) me lee, por favor corríjame.)

En cuanto a mi propia fe, como les decía, más bien era cínica. Todas las religiones dicen poseer la verdad, pero yo no la encontraba. Me resultaba más fácil pensarme agnóstica, o incluso atea. Tengo que confesar que me parecía un poco ridículo que la gente hablara sobe ir a misa, y me molestaba mucho cuando alguien hablaba mal del Islam. En realidad, todavía me molesta que la gente hable de manera prejuiciosa sobre alguna religión cuando ésta está entrelazada con temas políticos y tristemente el Islam es uno de los blancos favoritos de los medios.

Luego está la ciencia. Sí, ya sé que no es una creencia. Salvo que sí lo es, en cierta forma: quienes no estamos en un laboratorio haciendo experimentos debemos creer lo que nos dicen los científicos. Y creemos que esto se opone fundamentalmente a cualquier creencia religiosa. Pero ¿por qué? ¿Por qué no puede haber algo que haya creado todo lo que conocemos? ¿Por qué tiene que ser dios o el Big Bang? Estaba muy confundida.



Finalmente, hace un par de años me encontré con un viejo amigo que es budista practicante. Él me empezó a hablar de esta religión, incluso me leyó fragmentos de su libro, y sugirió que me acercara a la práctica, pues podría ayudarme a resolver mis problemas. Para ese entonces yo había empezado a meditar un poco y también leía unas cartas que tengo en casa. Aunque el tarot no es una religión, no puedo negar que al leerlas me sentía identificada y de hecho me han servido de guía en varias ocasiones. Así que entre la meditación y el darme cuenta de que ese algo más que yo veía en las cartas realmente nos puede guiar si creemos en ello, le tomé la palabra a mi amigo y me registré en un curso de Introducción al Budismo.

Déjenme decirles que lo que aprendí ese fin de semana me abrió los ojos. Al ser un curso introductorio, las explicaciones eran sencillas y estaban relacionadas con los conocimientos científicos que nos enseñan en la escuela; eso lo hizo más atractivo. Por ejemplo, nos explicaron que el karma funciona como la ley de Newton: a toda acción corresponde una reacción. Sí, todo lo que sale de nosotros, sean pensamientos, palabras o acciones, regresa a nosotros eventualmente. Tal vez en esta vida, tal vez en otra. Eso fue otro punto: si nada puede surgir de la nada, nuestro espíritu (mente, alma, como le quieran llamar), no se creó con nuestra concepción, sino mucho antes. Y de la mano va el hecho de que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Así que ¿por qué no podemos tener vidas pasadas y futuras? Para mí, todo esto tiene perfecto sentido.

Ese fin de semana fue una revelación. Después del curso compré un par de libros, me registré al siguiente curso, y practiqué la meditación. Leer el Libro Tibetano de los Muertos me ayudó muchísimo cuando mi abuelo estuvo hospitalizado con neumonía, por segunda vez, durante una semana.

Desde entonces he seguido leyendo sobre el tema, empecé a hacer yoga, y seguí con la meditación. Para ser completamente sincera, no he sido la practicante más constante: durante mi año en Inglaterra no he leído nada sobre budismo, no conozco los rituales, y otras partes que sí conozco me cuestan trabajo (como cuando tuvimos ratones en la oficina y los jefes no nos dejaron matarlos.)

Sin embargo, lo poco que conozco del budismo me ha ayudado a entender el mundo y mi papel en él. Soy más consciente de mis actos, de mis palabras y de mis pensamientos. Entiendo, de una forma que ninguna otra creencia me hizo entender, que todos estamos juntos en esto: todos buscamos la felicidad utilizando las herramientas y el conocimiento que tenemos a nuestro alcance, así que debemos ser compasivos (o amorosos) hacia nuestros semejantes. Es muy difícil, déjenme decirles, pero tener este pensamiento en mente constantemente ayuda a ver la vida desde otra perspectiva, una llena de paciencia y cariño.

Una de mis metas cuando regrese a México es registrarme en el curso normal de budismo, dos veces por semana. Necesito darme ese tiempo para fortalecer tanto la creencia como la práctica, porque sé que me ayudará a alcanzar mi potencial como ser humano. Este último punto, la búsqueda de la felicidad y la realización de nuestro potencial, es lo que une a todos los verdaderos creyentes de cualquier religión.



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