7/04/2013

Depresión... y yoga.

Depresiva auto-diagnosticada no medicada. Los ataques de soledad solían darme muy, muy fuertes; días de no quererme levantar de la cama, no quererme bañar o arreglar. De irme a dormir llorando y despertar igual.

Todavía me dan esos ataques, sobre todo cuando no sale el sol en dos semanas, mi familia y mi novio viven al otro lado del mundo, no puedo encontrar trabajo y "no tengo nada que hacer". Con nada que hacer me refiero a una rutina concreta, estable, que me obligue a estar en lugares específicas a horas específicas. Escribir la tesis es super importante pero no me da una rutina.

Y sin embargo, en vez de llorar dos días seguidos estoy llorando nada más dos horas. Me consuelo más fácilmente, reconozco que parte del problema es que paso demasiado tiempo dentro mi propia cabeza. ¿Qué cambió?

Créanlo o no, es el yoga. Y tal vez la meditación, pero con eso no soy tan constante. Sin pensarlo, y casi sin quererlo, el yoga me está ayudando a centrarme, a no tomarme las cosas tan a pecho.

No quiero ser una hipster ridícula que presume del yoga en cada oportunidad pero... es cierto. Realmente me está cambiando la vida, no sólo físicamente, sino mentalmente. Esos orientales realmente sabían qué estaban haciendo.





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