11/25/2012

York: la visita

Mi primer paseo fuera de Manchester fue a York. Hace dos años apliqué a una maestría ahí y aunque me aceptaron al programa, no me dieron la visa. Obviamente, me quedé con las ganas, así que decidí que de regalo de cumpleaños iría a conocer. Aquí les va el recuento:

Llegué a la estación de tren de Levenshulme para comprar no sólo mi boleto, sino el pase anual de descuento para estudiantes. El señor que me atendió en la ventanilla se tomó su tiempo para revisar mi solicitud, pedirme la foto, transcribir la información, imprimir el pase, firmar, sellar, anotar códigos, en fin. Detrás de mí se iba formando una fila de gente impaciente; especialmente las dos señoras que llegaron juntas inmediatamente después de mí. Resoplaban un poco y se acercaban como para que me quitara o algo. Ah, y hacían comentarios del tipo "What is she doing, buying the station?" Evidentemente, no les hice caso, pero pensé que al final me disculparía por la tardanza.

En un momento dado, el señor de la taquilla me preguntó si iba a usar el pase el mismo día y le dije que sí, que iba a York. Bueno, creo que no me hizo mucho caso porque siguió con sus cosas y sus calmas. Finalmente pagué el pase y me lo entregó, dándome los buenos días. Pero le recordé de mi boleto a York y las dos señoras detrás de mí resoplaron aún más fuerte. "Oh, this is trying!" "Unbelievable!" Claro que al final no me disculpé por haber tardado tanto tiempo. Y tampoco perdieron el tren.

Una vez acomodada en el tren, me dispuse a admirar el paisaje. Rumbo al norte, el terreno deja de ser plano y comienzan a verse colinas y cerros. El día estaba nublado y la predicción indicaba que habría neblina, seguida de lluvia.



Durante la hora y media de recorrido entre Manchester y York pasamos por varios pueblos, fábricas, granjas piscícolas, granjas ganaderas, silos abandonados, ríos. El paisaje es muy distinto al del sur de Inglaterra; los edificios no son de madera ni de tabique rojo, sino de un tabique color adobe.


Finalmente llegué a York y lo primero que vi al salir de la estación, fue una muralla romana que rodea todo el centro de la ciudad y todavía está en uso (peatonal).



Crucé y empecé a caminar en dirección al centro, siguiendo la muralla a lo largo. A ambos lados del río Ouse todavía están las garitas que en la Edad Media se utilizaban para cerrar el paso y ahora son salones de té o sandwicherías (¿existe esa palabra?)


Lo primero que vi, doblando a la izquierda, fueron los Jardines del Museo y sin más preámbulo me lancé a la excursión. La predicción del clima, como verán, no se había equivocado. En los Jardines hay las ruinas de una abadía, torres de vigilancia romano-medievales, un edificio estilo Tudor y otro más neoclásico. Este patrón de mezcolanza se repite por toda la ciudad.





Al salir de los Jardines y un edificio adyacente conocido como King's Manor (Enrique VIII, Jaime I y Carlos I se hospedaban ahí cuando iban a York), tomé otra puerta de la muralla y caminé por arriba del muro. El centro o la parte vieja de la ciudad, quedaba a mi derecha.




Finalmente fue momento de dejar la muralla y caminar por el centro. Además de la mezcla de arquitecturas, había muchas cosas que ver: tiendas de todos tipos, colores, sabores y precios. Gente por todas partes proveniente de todas partes. Callejuelas estrechas, callejones que cortan camino, plazas, jardines. Edificios romanos, medievales, vikingos, Tudor, de la Regencia, victorianos y contemporáneos.






¿Visitas obligadas? La catedral (York Minster), aunque no pude recorrerla completa porque cobraban 8 libras la entrada. Guy Fawkes Inn, lugar donde nación Guy Fawkes (el de la conspiración de la pólvora, conocido en México por la película V de Vendetta y "las máscaras de Anonymous"). Ahora es un restaurante/hotel con filas para entrar.






Recorrí la ciudad como cinco veces, absorbiéndolo todo. La tarea no fue fácil, pues York estaba atestado de gente que hacía fila para todo: para comer, para un café, para comprar, para las charities, para los mercados de navidad, para los museos, para las exposiciones, para un café. En un momento dado, tuve que hacer un alto obligado para comer: fish & chips, de pie en la calle como los ingleses.



York es una ciudad llena de detalles y sorpresas:






Acabé agotada después de esta visita pero decidí que, no sé cuándo ni cómo, voy a vivir en York.



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