7/16/2012

Ejercicios de escritura: encuentra tu voz

Iba subiendo la escalera de la entrada cuando oí el grito, lo que me detuvo un momento antes de correr y abrir la puerta. El vestíbulo estaba vacío, pero vi pasar al Dr. Martínez, llamando a la mucama, así que lo seguí, intrigada.

Entramos al salón donde solía reunirse nuestro club de lecturas y me quedé helada al ver a la Srita. Anderson obviamente muerta en el sillón, una mano en la garganta y la otra colgada hacia el piso, donde aún estaba la taza destrozada y el café derramado. Mis compañeros la veían azorados.

Luisa y Martha estaban sentadas enfrente, abrazadas, a punto de sollozar. Roberto jugaba nervioso con su anillo de matrimonio. El Dr. Martínez se acercó a recoger los destrozos y limpiar el piso, preguntando en voz alta dónde estaría Lupita, la mucama, que no acudía al llamado.

Parada en la puerta, yo los recorría con la mirada. ¿Habría sido un infarto? ¿Por qué la mano en la garganta, entonces? ¿Tendrían mis compañeros algo que ver? La situación parecía hasta de película. De no ser por los ojos vidriosos de la Srita. Anderson, les pediría que acabaran la broma.

El Dr. Martínez terminó de recoger y nos encaró. "Hay que hacer algo. ¿Quién llegó primero?" Se desató un barullo, todos tratando de justificar su arribo y el trágico fin de nuestra anfitriona. Sería imposible sacar nada en claro, así que el Doctor, el único que parecía mantener la calma, decidió hablar individualmente con nosotros en el vestíbulo. ¿Y dónde se habría metido Lupita?

Mientras el Doctor cuestionaba a Luisa, yo tomé su lugar en el sillón, junto a Martha, tratando de poner en orden mis pensamientos. ¿Veneno? Tal vez. Haber llegado al último no me hacía menos sospechosa en ese caso.

Martha tenía la mirada perdida y la mano en la garganta, en una dramática imitación de la Srita. Anderson, pero su respiración era regular. Roberto paseaba por el salón, yendo de la ventana al piano, del piano a la Señorita y vuelta a empezar. Las manos en la espalda, había dejado de jugar con su anillo.

Del vestíbulo llegaban los sonidos agudos de la voz de Luisa y los graves del Dr. Martínez. Parecían estar discutiendo y se habían alejado de la puerta del salón. Desde donde estaba sentada no podía verlos.

De pronto, alcé la voz. "Habría que llamar a la policía". Se hizo el silencio. Roberto dejó de pasear, Martha revivió, el Dr. Martínez y Luisa se acercaron a la puerta. Todos me veían. "Es lo que se hace en estos casos, ¿no?", insistí. El intercambio de miradas pasó sobre mi cabeza; el aire había cambiado.

¿Dónde demonios estaba Lupita?

[Éste ejercicio de escritura creativa surgió de The Write Practice. Agradeceré todos sus comentarios sobre el estilo y la forma. Después de todo, una aprende de sus errores, así que no duden en señalarlos. Si quieren unirse al ejercicio, escriban sobre llegar a la mansión donde suele reunirse su grupo de lectura/escritura, encontrar a alguien asesinadX y las reacciones.]




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