5/16/2012

¿Qué le digo a mi mamá? Reflexiones sobre la belleza.


Se supone que mamá debería ser nuestra mejor amiga, apoyarnos en todo momento, consentirnos y darnos su amor incondicional. Sin embargo, ¿cuántas de nosotras no hemos crecido traumadas por nuestras propias madres? Recién leí un artículo sobre las estrías y otras características (como la celulitis) común a la mayoría de las mujeres; lo que más me impresionó fue cómo en los comentarios las mujeres decían que el trauma de “ser feas” o “estar dañadas” de alguna manera por estas cuestiones venía de sus mamás.

  Y es cierto. Recuerdo que, de muy chiquita, mi mamá nos decía “feas” a mi hermana y a mí… de cariño, por supuesto, con un poco de ironía. ¿Pero qué va a entender una niña de ironía a los cinco años? Yo crecí convencida de ser fea. No nada más eso. Los comentarios de “arréglate un poquito”, “peínate”, “¿así vas a salir?” eran pan de cada día. Aún cuando estuviera recién salida del baño y según yo emperifollada, mamá encontraba algún pero.

  No es que no me quisiera, al contrario. El problema va mucho más allá: vivimos en una cultura en que el ideal de belleza nos llega a través de la televisión, las revistas, las películas y las amigas. Buscamos ser más flacas, más altas, más blancas, más lacias, más… lo que esté de moda en el momento. Y si por alguna razón no cumples con ello, fallaste. Si tienes una manchita en la cara, malo porque las modelos de revista no tienen manchas. Claro, nadie se pone a pensar que fueron photoshoppeadas, así debemos vernos y punto.

  Afortunadamente, esa misma mamá me inició en el camino del feminismo y la crítica, así que poco a poco he ido superando mis traumas y aceptándome como soy. Estoy aprendiendo a ver la belleza en cualquier mujer y a no juzgar a mis congéneres sólo porque no se parecen a alguna actriz famosa. Pero ha tomado su tiempo y sobre todo, una gran cantidad de esfuerzo por ser consciente de lo que hago.

  De lo que apenas me estoy dando cuenta es que mi mamá también creció y fue educada con esas ideas. A ella también le dijeron “péinate”, le hicieron creer que su cabello chino y alborotado no era elegante y había que aplacarlo. Mis abuelos (y esto me ha tocado a mí también) tienen un gran prejuicio contra las personas cuyo peso sea mayor al suyo o que sólo se vean más “llenitas” que ellos. Mi mamá, nadadora empedernida, con su espalda ancha y su cuerpo musculoso, siempre se ha considerado gorda.  

  ¿Cómo rompemos este ciclo? Es decir, yo soy consciente y hago un esfuerzo por no someterme ni someter a nadie más a una belleza imposible, y creo que puedo educar a mis (futuras) hijas de esta manera. Entonces, reformulo, ¿cómo ayudar a las mujeres de las generaciones anteriores o de mi misma generación que no pueden aceptarse a sí mismas porque las educaron desde siempre con un ideal imposible de belleza? ¿Qué le digo a mi mamá?



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