8/18/2011

Ejercicios de escritura II

(Se agradecen comentarios)

Para variar, el metro iba lleno. Tanto que ni siquiera necesitaba tomarse del tubo para no caer. Lilith entrecerró los ojos y suspiró, aferrándose a su bolsa. No traía nada de mucho valor, pero se le había hecho costumbre. En cierta forma, era una manera de no sentirse tan sola en medio del gentío. El metro se detuvo con un golpe seco (o al menos así lo sintió) y Lilith abrió los ojos, preocupada, pensando que se le haría tarde.

Cuando por fin salió del subterráneo, el día la esperaba gris, lluvioso. "Un día perfecto", se dijo sonriendo, mientras se subía la capucha de la chamarra para ocultar su brillante cabello rojo. Había aprendido que cuando llueve la gente camina mirando al pavimento y para ella era más fácil camuflajearse. De negro bajo el paraguas, nadie se fijaba en sus ojos ni en su pelo.

Aún no lograba acostumbrarse del todo a las miradas de asombro de quienes descubrían el violeta de sus iris. Solían decirle que inquietaba, que intimidaba. "La gente le teme a lo que es distinto", repetía su madre intentando consolarla, pero ella no estaba tan segura. Algunas veces, al mirarse en el espejo, se descubría a sí misma preguntándose qué habría en el fondo de esos ojos.

Caminó bordeando el parque, junto a la larga fila que esperaba el camión. Habían quedado afuera del museo, en la explanada. A pesar de la hora y el clima, los puestos ya estaban instalados y el olor a comida invadía el aire, al igual que los gritos de "¡Llévelo, llévelo!" Alejándose de ellos, Lilith miró a su alrededor y se dirigió a las escaleras. Al parecer era la primera en llegar. Suspiró de nuevo; no le gustaba esperar.

Tenían años de no verse. Sería un reencuentro... interesante. Lilith no sabía qué era lo que le atraía de él. Quizás un impulso por salvarlo (¿pero de qué?) Lo reconoció al instante. Se veía un poco más viejo, arrugado, pero mantenía esa chispa de alegría infantil con que siempre lo recordaba. Entraron al museo, poniéndose al corriente y él comenzó a contarle historias de la Historia contenida en cada una de las salas. A ella le asombraba todavía el inmenso conocimiento y la capacidad de retención que tenía Emilio. En cierta forma, le daba envidia. Le gustaría poder acordarse también de tantos datos y relatos.

"Sin duda fue una buena mañana", pensó cuando acabaron el recorrido. Se miraron fijamente un rato, sin hablar, en un vano intento por leerse la mente. "Eres un misterio", le dijo Emilio finalmente. Sin pensárselo dos veces, ella respondió, "Tú no te quedas atrás". Se sonrieron con la mirada, él la tomó del brazo y salieron a la lluvia, que seguía cayendo fina para no espantar a los transeúntes. Lilith caminó dejando que esta vez el agua le mojara los cabellos. Cruzaron de nuevo frente a los puestos y la vista de las fritangas les recordó que tenían hambre.

Siempre del brazo, Emilió la dirigió hacia la avenida. Ella lo miraba de reojo, sonriendo ligeramente, quizá un poco irónica. Dudaba si realmente lo conocería algún día, sí llegaría a entenderlo. A veces pensaba que eran demasiado parecidos y por eso se entendían sin necesidad de palabras, pero otras no lo creía tanto. Él era un enigma, en definitiva. Bordearon los charcos, se apartaron de los coches de la avenida para evitar ser salpicados y avanzaron con rumbo desconocido, al menos para Lilith. Tampoco sabía porqué lo dejaba decidir, porqué lo seguía tan dócilmente. Se consoló diciéndose que lo único que estaba dejando en manos de su acompañante era la decisión de qué y dónde comer.



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