8/31/2010

Visitando el DF

Ya tenía como un mes que no iba al DF. No, eso es falso. Fui la semana antepasada a dejar papeles, pero fue de entrada por salida. Esta vez llegué temprano el lunes, me encontré con Caro, fuimos a comer y a pasear (flâner) por el centro y un poco por Reforma, hasta que dio la hora de reunirnos con Aurélie. Ya reunidas las tres paseamos por La Condesa y nos metimos al Gallery a tomar una cervecita y platicar. Super a gusto. De esas pláticas que a veces hacen falta con las amigas y nadie más.
 Hoy martes otra vez caminando de La Condesa a la embajada británica (cerca de la glorieta de la palmera), donde entregué mis documentos para la visa. No hubo ningún problema y tendré mi visa en máximo cuatro semanas. En realidad, es muy probable que sea menos. Y como salí temprano y no vería a Lau sino hasta las 12, me puse a caminar por Reforma, disfrutando del día nublado y la poca gente. Me senté en una banquita por el Ángel y entre la música, mi libro y mis reflexiones pasé un muy buen rato.
  Antes de que empezara a llover entré a Reforma 222 y me puse a curiosear tiendas y libros, y a observar a la gente que llegaba en coches caros o en bicicleta, o a pie. Es bastante ameno ver a las personas, imaginar qué hacen, qué compran, a qué se dedican.
  Con Lau fui a los Karma, platicamos riquísimo, actualizándonos de todo lo que ha sucedido en estos dos o tres años que perdimos el contacto. Fue como si no hubiera pasado nada de tiempo. Y después de eso, otra vez a caminar un rato antes de finalmente decidir dar una vuelta por la oficina.
  Por supuesto, abrazos, risas, comentarios sosos, ayuda en cositas de trabajo, convencer a la gente de salir temprano para ir a tomar algo... esto fue lo menos complicado. Acabamos en la Roma, en un restaurancito delicioso de unos amigos de Brenda. Como despedida y postre, planes para una despedida en serio antes de irme a York. Ya hay posible lugar y fecha; falta organizarme bien.
  El punto de todo este post aburrido era proveer una introducción a lo que escribí en la mañana:
Sentada frente al Ángel viendo pasar la vida de la ciudad. Fresco y nublado. Empiezo a extrañar - o quizá se me contagia la nostalgia de la que habla Pamuk en "Estambul". Quiero mi cámara y mi libro rojo. Y un lápiz para dibujar. Se disfruta la sensación de anonimato al estar sentada aquí, en una banca, sumida en mi mundo y mis pensamientos. La gente va a su destino sin preocuparse en lo más mínimo por los que estamos sentados observando su ir y venir. Mercedes Sosa da gracias a la vida en el iPod. Tengo que sonreir ante la pertinencia del aparatito. Es un momento perfecto.




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