6/09/2010

Es como cuando te paras delante de Las Meninas

La semana pasada recibí un correo de alguien que fue muy importante hace algunos años y después desapareció. Por supuesto, a estas alturas, estaba firmemente convencida que me había olvidado. No fue así. No sólo no me ha olvidado, recuerda todo con demasiada claridad. Y como buen músico, poeta y loco (tres características que lo describen plenamente), sus palabras me hicieron revivir momentos y sonreir durante varios días. Aunque mi primera reacción fue mucho más emocional: lágrimas, piel chinita, al tratar de controlarme hiperventilé, y tuve que ir por café azucarado para dejar de temblar. De la emoción, claro. Es que ¿cómo más va una a reaccionar  cuando le dicen "recuerdo que te quiero porque todavía te adoro"?
 Recordar es volver a vivir, y en el proceso, releí algunas cartas antiguas. Los sentimientos eran similares. "Por el momento, tienes prohibido dejar de sonreir". También es inevitable imaginar posibles escenarios con poca probabilidad de que se vuelvan realidad. Quizá por eso dejo volar mi imaginación, que es vasta e inagotable y, por suerte, no me domina. La otra mitad de mi cerebro me regresa a la realidad antes de que sea demasiado tarde.
  G., querido, también "se me reacomodan los adentros". Pensé que perdonar y olvidar eran casi sinónimos, pero ahora me queda muy claro que no es así. Gracias por enseñármelo. Ojalá la vida nos vuelva a reunir.




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