4/29/2010

Estoy enojada, triste, decepcionada

Las noticias van llegando de a poco. No sabemos qué pasó. Se habla de autoatentados, emboscadas, grupos paramilitares cercanos al PRI. El gobierno estatal niega todo, para variar. Incluso revictimiza a las víctimas, cuestionando sus razones para viajar en Oaxaca. Y mientras tanto, la zona está cercada, no se puede pasar, no hay buena señal telefónica. De pronto alguien logar hacer una llamada y vamos sabiendo que fallecieron un extranjero y una mexicana, después cuatro periodistas, que llevaban ayuda humanitaria. ¿Cuántos más morirán en estos días por la falta de acceso a atención médica? La otra pregunta, si no hubiera habido extranjeros, ¿estaríamos hablando del tema?
Mi teoría es que URO utiliza a cabalidad la vieja técnica de divide y vencerás, explotando viejas rencillas entre pueblos, armando a unos en detrimento de otros... me recuerda un poco a Darfur. La meta es que el PRI no pierda el estado en las próximas elecciones. Y mientras, se lleva entre las patas a periodistas, activistas, defensores/as de derechos humanos, poblaciones indígenas, sociedad civil, nacionales y extranjeros. Convenciones, pactos y tratados son nuevamente pisoteados, olvidados, guardados en un cajón como letra muerta.
¿Cómo no perder la fé en nuestro país? ¿Es posible seguir creyendo que las cosas pueden cambiar? En momentos como éste pienso que no, que estamos condenados a seguir repitiéndonos, una y otra vez hasta el infinito, hasta que quedemos aniquilados... esta vez sí, en un autoatentado. Adiós a la democracia que pensábamos estar construyendo. Ya no es sólo la protesta social la que está criminalizada, sino también la ayuda humanitaria.
Para nosotros, los riesgos aumentan considerablemente. La reflexión del día fue... pudimos haber sido nosotros en Guerrero. Tal cual. Íbamos en caravana, a una comunidad indígena, a llevar otro tipo de ayuda humanitaria: la solidaridad. Sabemos que el gobierno estatal no nos quiere, íbamos escoltados. Hubo un conato de enfrentamiento, liderado por agitadores del cacique. El camino al pueblo era por la sierra, con grandes precipicios, muchas curvas, oscuro, de terracería. Cualquier cosa pudo haber pasado. Cualquier cosa puede suceder.
¡Maldito gobierno! Asesinando a la población, reprimiéndola, pisoteando sus derechos. Pero eso sí, hacia afuera todo es la promoción de los derechos humanos, exigir respeto a los connacionales, condenar atentados. Diría Alí Primera, hace unos treinta años, basta de hipocresía.



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