7/27/2009

No es más que un breve adiós

Para variar me he desaparecido un poco del ciberespacio últimamente. ¿Las razones? En realidad sólo es una: la pérdida de mi abuela. Entre su operación, la muerte de su hermana más cercana y encontrarse no tan acompañada como hubiera querido, el desenlace fue muy rápido. Las medicinas que le causaban náusea pudieron (o no) ocasionarle una insuficiencia renal que la mandó derechito al hospital y a los 5 ó 6 días expiró.
Yo tuve la dicha de estar con ella mucho más tiempo que el resto de la familia, pero sobre todo en estos momentos tan delicados. Cuando la operación, me quedé toda la semana en el hospital, y junto con mis tíos, estuve con ella en sus últimos momentos. No puedo dejar de pensar que me estaba esperando, pues cuando llegué del DF todavía estaba consciente y pudimos platicar un poco. Esa tarde perdió la conciencia.
Ha sido muy difícil. No nos acostumbramos a la casa vacía; le falta la música, las pláticas, las preguntas, las órdenes de mi abuela. Poco a poco nos va cayendo el veinte, pero no falta querer comentarle tal cosa, o que mi prima pregunte por dónde la vamos a sentar a la mesa, o cositas así. También está el no saber si evitar algunos temas de conversación o no, si se podrán hojear las cartas y fotos que tenía en los cajones... en fin, supongo que las mismas dudas que se presentan en estas circunstancias a todas las familias. Para mí es novedad.
Carito, quiero agradecerte todo lo que me enseñaste, lo que compartiste conmigo, tus risas, tus regaños, tus recetas, los paseos, películas, libros, tarjetas. Que siempre nos hayas dado ánimos y que estuvieras disponible para todos en todo momento. Te entregaste a nosotros en cuerpo y alma y es justo que ahora descanses. Te llevo por siempre en mi corazón.



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