5/15/2009

El abanico en las artes marciales


El abanico plegadizo fue inventado en oriente e importado a occidente durante el siglo XVI, difundiéndose rápidamente su uso entre las damas de Europa y sus colonias.
Sin embargo, en oriente el abanico no era un implemento femenino, sino masculino, y difícilmente un guerrero chino o un samurai japonés no llevara uno en su cintura. De hecho, el abanico no constituía sólo una parte más de la indumentaria, ni su única finalidad era "ventilar" al propietario. En los ejércitos, los oficiales los utilizaban para hacer señales a sus subalternos durante las batallas, y para facilitarlo, era común que portaran más de un abanico con colores diferentes en cada una de sus caras. Por otra parte, los que no eran usados en la guerra se encontraban finamente decorados, pero los motivos no eran meramente estéticos ni elegidos al azar, sino principalmente heráldicos.
Pero el abanico presentaba un uso extra, que trascendía los inofensivos citados anteriormente: era un arma, especialmente de uso "cortesano". En aquellos lugares a los que los guerreros debían entrar desarmados, como los palacios de algunos señores feudales o del mismo Rey o Emperador, el fiel abanico continuaba ligado a su cintura. Si bien, como arma, su eficacia dependía en parte de los materiales con los que eran fabricados (hojas de acero en lugar de madera, fuerte seda en lugar de papel), lo que realmente le daba tal condición era el conocimiento y la habilidad del propietario en las técnicas marciales aplicadas para utilizarlo (s) de a uno o de a dos.
Fue así que numerosos estilos de diferentes Artes Marciales desarrollaron técnicas de manejo de abanico, y el Taijiquan no fue una excepción. En el Estilo Chen, por ejemplo, se encuentran secuencias para uno o dos abanicos que luego fueron adaptadas para los cuatro estilos derivados de éste.
En la actualidad, el uso del abanico en las Artes Marciales no se encuentra limitado por el sexo y, sea en oriente o en occidente, en el aprendizaje, la práctica o las competencias, se pueden ver a mujeres y hombres realizando las mismas secuencias sin prejuicios culturales.

Texto: Maestro Andrés Lucas Valdés




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