11/01/2008

Pensando...

Las horas van pasando lentamente, rápidamente, hasta convertirse en días, noches, semanas y meses. Casi en un abrir y cerrar de ojos, se termina el año. Mi situación es totalmente distinta a como lo empecé. Mejor o peor, no sabría decirlo. Simplemente diferente. Ocho meses llenos de amor, de sentimientos y experiencias desconocidas, de paseos, visitas, películas, comidas, cenas, salidas, amigos y amigas, aprendizaje, crecimiento, retrocesos. Tengo un trabajo remunerado, uno no remunerado pero mucho más satisfactorio, horas de estudio y decisiones que tomar. ¿Hacia dónde voy? ¿A dónde conducen mis pasos? ¿Camino en círculos? ¿O será que realmente cuando Dios cierra una puerta nos abre una ventana? Eso aún está por verse. La rendija es aún muy pequeña y una breve corriente de aire puede volverla a cerrar. Pero mientras tanto, puedo ver un cielo azul, un sol brillante, un prado verde y lleno de flores al otro lado. El vidrio está opacado, por los años, por el polvo, por el mismo sol. Poco a poco mi vista se va acostumbrando y logra divisar algunas siluetas, formas, sombras. ¿Será? ¿No lo estaré imaginando? Quiero creer, con todas mis fuerzas, que esto es real. Tantas cosas que se juntan, se separan, van y vienen. Y sin embargo, sigues aquí, presente, dándome la seguridad que necesito en un abrazo, en un beso, en una sonrisa. Cuántas veces me he preguntado qué haría sin ti. Me has ayudado a mantener la cordura, a no perder completamente la cabeza, a seguir adelante. A casi un año de haberte conocido sólo puedo repetir, una y otra vez, gracias, gracias por todo, gracias por estar aquí, conmigo, caminando a mi lado. Gracias una y mil veces por soportarme, por acompañarme, por consentirme, por escucharme, por hablarme y sobre todo, gracias por amarme.



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