14 de marzo de 2012

Fue amor a primera vista. Los jardines verdes, el tabique de todos los edificios, la fuente central. La sensación de libertad, de que todo es posible y, al mismo tiempo, de tranquilidad. La decisión fue instantánea: ésta sería mi alma mater.

El día que fui sola, a presentar exámenes de ubicación en idiomas, sentía que me iba a perder. Era demasiado grande; los edificios se parecían. Llegar a los salones donde se daba idiomas era cruzar al otro lado del mundo. Pensé que nunca la conocería del todo.

Un par de días me demostraron lo contrario. Pero antes, la mudanza, cargando maletas al primer cuarto de mi vida fuera de casa. Genérico, frío. Esa noche volví al hotel con mi mamá, llena de dudas, además, de con quién compartiría la habitación y el baño. Ocho chicas en un departamento parecía mucho, y si bien nunca fuimos íntimas, al menos no me fue tan mal.

Esa primera semana fue de descubrimientos: la extensión real del campus, las mejores hamburguesas, fiestas, amistades. También de paseos nocturnos, haciendo planes. La maravilla de las estrellas cuando no hay luz eléctrica cerca. Puebla de noche, vista desde un quinto piso.

El entorno se hizo familiar. Faltaba poco para que usara el montacargas de la biblioteca como mi elevador privado o para que el encargado de la cafetería me saludara de nombre. Sin miedo a equivocarme, puedo decir que era el comienzo de una época.

Y de pronto, la clases. Un lunes que no recuerdo pero que seguro pasé corriendo de un lado a otro, tratando de encontrar el aula correcta, conociendo gente, armando un horario adecuado. Lo que sí recuerdo es el martes. 7:45 AM. Una neblina tan espesa que no veía a más de un metro de mí. El campus verde era blanco, irreal. Caminando siempre en línea recta llegué a clase de francés. No he vuelto a ver una niebla como esa; era como entrar en otro mundo. Y eso hice.

instalaciones47

12 de marzo de 2012

Agnes me duele.
Me duele el odio,
la intolerancia,
la discriminación.
Me duele la violencia.

Me duelen los comentarios
homofóbicos.
La indiferencia,
la perversidad.

Me duele saber
que no estoy segura.
Ni yo ni nadie.
Me duele este país
donde tu identidad se utiliza
como causante de asesinato.
Porque ser diferentes
es mal visto.

Me duele México.
Me duele Puebla.
Me duele mi pueblo.
Me duele el alma.

Me dueles, Agnes.

8 de marzo de 2012

8 de marzo. Día Internacional de la Mujer. O mejor dicho de laS mujereS, porque somos muchas, somos diferentes en todos sentidos, no somos iguales. Día de recibir felicitaciones, flores, comentarios ridículos sobre la importancia de las mujeres, "son lo mejor de la vida", etc. Comentarios que vienen de las mismas personas que el resto del año nos tratan como niñas tontas, quieren decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos, nos agreden verbal y físicamente, nos controlan a través del dinero, nos insultan, nos violan, nos matan, nos pagan menos, nos exigen pruebas de embarazo para podernos contratar.

No. Yo no quiero celebrar hoy nada. Hoy es un día de hacer un alto en el camino, voltear atrás y agradecer a todas las mujeres, conocidas o anónimas, que lograron sobrevivir a su tiempo, a sus limitaciones. También a aquellas que a pesar de todas las dificultades lucharon con toda su fuerza para cambiar su entorno. Es momento de reflexionar sobre el presente, sobre dónde estamos paradas, los derechos que hemos conquistado y los que aún nos son negados, los que quieren arrebatarnos. Sobre las vidas de mujeres y niñas que desaparecen, sobre las madres asesinadas frente a oficinas de gobierno por exigir justicia. También es tiempo de mirar hacia adelante, establecer metas, sueños y planes de acción. De juntar fuerzas, individuales y colectivas, respirar profundo y pelear por el siguiente paso. En este mundo, si no exigimos lo que es nuestro, nadie nos lo va a dar.

Que me feliciten cuando:
- reciba igual paga por igual trabajo
- nadie se tome la libertad de comentar sobre mi cuerpo
- mucho menos de decidir sobre él
- no tenga temor de salir a la calle por las agresiones de que seguramente seré objeto
- no haya necesidad de vagones separados en el metro
- se investiguen todas las muertes de mujeres y niñas
- se castigue a los perpetradores de todo tipo de violencia, incluyendo doméstica
- las niñas crezcan sabiendo que pueden hacer cualquier cosa que se propongan
- los niños crezcan sabiendo que pueden demostrar sentimientos y dedicarse al hogar si así lo desean
- no se me considere ni inferior ni superior a los hombres
- no se me sujete a ideales imposibles de belleza
- no me digan que soy irracional o berrinchuda cuando me enojo o estoy triste
- nadie diga "se lo merecía porque ve cómo se viste"
- los violadores sean llevados ante la justicia
- no se asesine a las madres que piden justicia
- no se me vea como un objeto, sexual o decorativo
- no se crea que soy un premio que hay que ganar
- no invierta 4.5 horas diarias de trabajo no remunerado más que los hombres
- no se deporte a mujeres por buscar una vida mejor para ellas o sus hijXs en otro país
- nuestras experiencias y vivencias sean tan importantes como las masculinas
- nadie decida sobre mi identidad de género, más que yo
- no se le dé carta blanca a un violador sólo por dedicarse al arte o la difusión de información

En conclusión, que no me feliciten por el Día Internacional de las Mujeres hasta que se reconozca y se nos trate como seres humanos. Así, sin más. Seres humanos. Completos.

5 de marzo de 2012


Ashia se despertó temprano, inquieta. Como cada mañana, volteó a ver la cama de su hermana, vacía. Nunca entendió esa manía de Lilith de salir a caminar en la lluvia cuando los demás dormían todavía.


Su malestar la preocupaba. ¿Sería sólo un sueño o había algo de premonición? No sería la primera vez que viera sus sueños convertidos en realidad. Lo malo es que no solían ser buenos. Cerró los ojos e intentó dormir de nuevo.

Quiso concentrarse en su respiración (“Inhala, exhala”) pero los ruidos del mundo exterior se colaban por la ventana, distrayéndola. Se distrajo identificándolos: “Ahí va el vecino de arriba a pasear a sus perros”, “Ahora pasa el ropavejero”, “Ése es el panadero. ¿Traerá conchas?” Pensamientos ociosos todos, pero que la invadían sin que pudiera evitarlo. Sonrió y decidió que era hora de levantarse, a pesar del frío. ¿Habría café todavía?

Físicamente idénticas, las gemelas Lilith y Ashia no se parecían mucho. A Ashia le gustaban los días de sol y disfrutaba la atención de los extraños en la calle. En vez de esconderse tras lentes y bajo paraguas, caminaba orgullosa, la frente en alto y mirando a su alrededor, riéndose del asombro que causaban sus rasgos.

No es que Lilith fuera apocada o tímida, más bien Ashia era extremadamente abierta y bullanguera. Lo había decidido hace mucho, justo en la época en que empezó a vestirse sola y elegía atuendos coloridos, sólo por distinguirse de su hermana.

Lilith se había acabado el café, así que Ashia puso agua a hervir, eligió un sobrecito de té y reanudó su lectura de la noche anterior, pero la inquietud volvía a asomarse, interrumpiéndola.
Bebió su té a sorbos para no quemarse, pensando en la reunión que su hermana tenía hoy. No sabía qué pensar. Emilio le agradaba pero había algo raro en él y Lilith parecía no notarlo. O tal vez tenía sus dudas, pero ésas no se las había compartido.

Sí, era eso. No quería ver lastimada a su hermana pero era el único escenario predecible.  Intentaría hablar con ella cuando regresara. Mientras tanto, no había nada que hacer. De vuelta al té y al libro, Ashia se perdió en los mismos mundos que su hermana, llenos de aventuras y nostalgias, si es que se puede tener nostalgia de algo que no hemos vivido.

La lluvia golpeaba suavemente en la ventana, incitándola a levantar la vista cada pocos minutos, a perderse en sus pensamientos, precisamente lo que quería evitar.

El cambio no le sentaba muy bien. Desde su llegada a la ciudad se sentía perdida, sola. No le gustaba pegarse a su hermana para todo, aunque en ocasiones la acompañaba en salidas, marchas o excursiones. Además, necesitaba ya su propia rutina, su propio grupo social. La inactividad la demolía, la hacía pensar de más. Esperaba obtener pronto respuesta de un trabajo que había solicitado para así salir del estancamiento en que se encontraba.

Ser adulta no era ciertamente lo que imaginaban de pequeñas. Había muchas más responsabilidades y obligaciones, la vida no era tan glamorosa como la ponían en las películas y definitivamente no todo eran trabajos y fiestas increíbles. No contó con la soledad, con el desempleo, con las mudanzas. A veces deseaba poder regresar a la infancia, a los juegos con Lilith, a los abrazos de la abuela.

Claro, ventajas sí había. Era libre de elegir muchas cosas, vivir a su modo, sin más reglas que las suyas. Es sólo que a veces se le hacía difícil. Los días de lluvia eran los peores. Como hoy.

Decidida a sacudirse la melancolía, Ashia salió a caminar. Llevaba poco tiempo en esta jungla, llena de gente y autos, pero que aún conservaba pequeños remansos de calma, como estas calles que ahora recorría en busca de un espacio acogedor.

Lo encontró pronto y tuvo que admitir que vivir aquí tenía sus ventajas: no en todos lados podía encontrar una librería con sillones frente a una chimenea encendida, creando un área para leer mientras tomaba café y donde, además, no la vigilaran constantemente con el pretexto de que podía maltratar los libros.

Era un espacio pequeño… al menos, eso parecía desde afuera. La primera vez que entró quedó sorprendida al constatar que era mucho más grande por dentro. Los estantes ocupaban todo el espacio disponible de paredes y el piso estaba invadido por torres de libros. Al fondo había un mostrador, atendido por el dueño del lugar, un hombre ya entrado en años, con una eterna pipa en la boca y una sonrisa afable en los labios. También preparaba el café que los clientes constantes pedían al llegar, incluso antes de preguntar por las novedades literarias.

Apenas en su segunda visita, Ashia estaba lejos de considerarse regular de la librería, pero aún así se acercó al mostrador, deseosa de tener alguien con quien hablar. Don Mario se acomodó los lentes y sonrió. Sólo la había visto una vez, pero esta chica desgarbada de pelo rojo se le hacía simpática. Le ofreció café y mientras hervía la acompañó al sillón naranja junto a la chimenea. “Es el mejor lugar para un día como hoy”, observó. “Café, libros, un buen fuego…”. Ashia asintió, “Es un pequeño paraíso. ¿Le ayudo?” Pues Don Mario intentaba encender la chimenea. “Gracias, hija, ya lo tengo. Como verás, la edad me vuelve ágil. ¡Ah! Ya está el café. ¡Qué bien huele! Espera un momento”.

Sintiéndose acogida, Ashia tomó el primer libro de la torre más cercana y se arrellanó en el sillón recomendado, mientras Don Mario traía dos tazas de café y un periódico amarillento. Ella lo miró extrañada, tratando de leer la fecha, pero él sonrió y antes de que pudiera preguntar, explicó, “Los periódicos de ahora me deprimen, sólo hablan de violencia. Ni siquiera están bien escritos. Yo colecciono periódicos antiguos, así me puedo imaginar que aún estoy en un tiempo más simple. Algunos me recuerdan eventos que ya viví. Otros me dejan pensando cómo serían las cosas si el resultado de los eventos que se mencionan hubiera sido distinto. Bueno, ya sabes, los viejos siempre pensamos que nuestros tiempos fueron mejores.” Y con eso se sumergió en la lectura de sus reportajes antiguos. A Ashia no le quedó más remedio que imitarlo.

4 de marzo de 2012








Todas las imágenes son mías.

2 de marzo de 2012

Vengo llegando de la puesta en escena del Lago de los Cisnes de la Compañía Nacional de Danza. Sí, en el lago de Chapultepec. Estuvo bonita pero definitivamente no es la mejor interpretación que he visto y creo que eso tiene que ver con que cambiaron el final de la historia y recortaron muchísimo el ballet: ¡duró una hora! Nada. Y el cliché de clichés: hubo dos cisnes blancos rondando frente al escenario durante la función. *rolls eyes. Pero no me puedo quejar, estuvo bien.

Para "contrarrestar" la poca emoción generada por el Lago de los Cisnes, les dejo un video de mi primera función de coro con Vocalis. Perdonarán la calidad (la cámara no es la mejor) y la brevedad (se acabó la memoria al minuto de haber empezado a filmar). Pero igual espero que les guste -y si no, me dejen sus quejas.



22 de febrero de 2012

Dice el refrán que "febrero loco y marzo otro poco" y vaya que hemos tenido un febrero loco este año. Lluvia continua duranet días, bajas temperaturas... y de pronto, días gloriosos de cielo azul y un sol que empieza a calentar. Para los más privilegiados (y me incluyo), incluso el canto de los pájaros en plena ciudad.

  Estos días no prendo el calentador en la oficina, es más, hasta abro la ventana de par en par para disfrutar la incipiente primavera. A veces encienden la fuente del jardín y el sonido del agua cayendo aumenta mi felicidad. Definitivamente, el invierno no es lo mío.

  Luego, una camina por la colonia y se encuentra flores coloridas, o el sol le coquetea detrás de un edificio. Las niñas de la clase de baile te detienen para platicar antes de entrar y se ofrecen a irte oir cantar.

  Una quisiera trabajar desde casa para sentarse en el parque o en la terraza y disfrutar el día, en vez de estar encerrada frente a una pantalla. Yo no me puedo quejar: mi hora de salida me permite todavía aprovechar la tarde sin prisas.
 
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